La historia que cuentan nuestros quesos empieza en las pasturas de las que se alimentan nuestras vacas y culmina en el buen momento que usted vive al disfrutarlos. Entre ambos, una cadena de trabajo respetuoso de la gente y de la tierra.
HISTORIA
La historia de los quesos de Estancia La Suerte está profundamente ligada al modo de ser y a los usos y costumbres de los Lacau. La creación de la marca no podría explicarse sin la conjunción de varios elementos: por un lado, la pasión de quien encabeza la familia por el buen queso; por otro, el parentesco con un agente clave del proyecto, absoluto experto en la materia; finalmente, el vigoroso impulso que la generación joven le ha dado a los negocios familiares y la consiguiente incursión en nuevos mercados.
La afición de don Pedro Lacau por los quesos data de largo –es probable que, legado de sus antepasados, corra por su sangre vasco-francesa–. Interesado por los procesos, curioso y emprendedor, largo tiempo atrás comenzó a aprovechar los periódicos viajes a Europa que realiza para adentrarse en el mundo del queso. En varias oportunidades tomó cursos, como en Saint Lô, Normandía. Ya con algunos rudimentos incorporados, se aventuró en las primeras pruebas. “Como por suerte le salía mal, evolucionó”, bromea su mujer Isabel, compañera incondicional de toda una vida, mientras muestra las fotos que documentan aquellos ensayos caseros. Entre tanto, su cuñado Pablo Battro, hermano de Isabel, realizaba su propio camino con este manjar, un camino que –experimental en el inicio– se iría profesionalizando con el correr del tiempo.
Battro es Ingeniero Industrial y durante años se dedicó a la radicación de industrias en Puerto Madryn. Luego se vinculó con el INTA, estudió Agronomía y trabajó en el desarrollo de proyectos de tambos de ovejas en el Sur del país. Desde su casa en Trelew, donde vivió largo tiempo, comenzó a explorar la elaboración de quesos: y le salía bien. Del consumo casero pasó a regalarles a amigos y luego, de a poco, a la venta. Así estableció La Mariposa, una marca que llegó a tener su prestigio en la Patagonia, una fama que se nutría con viajes cada vez más frecuentes a los centros queseros del mundo. Battro obtuvo becas para aprender el métier en pueblos remotos de Francia, Holanda, Inglaterra e Italia, donde los maestros queseros más renombrados le fueron develando los secretos de cada variedad. Y se convirtió él mismo en un referente de la cuestión, un rol que ha encarnado desde entonces y en el que persiste, canalizando una fuerte vocación por la transmisión de la cultura quese ra que tanto admira. El know-how de Pablo Battro, obtenido en años de aprendizaje y experimentación propia, resultó una pieza clave en la fundación de La Suerte.
Corría el año 2001 cuando Pedro Lacau hijo decidió darle crédito a la intención de su padre de “hacer buenos quesos, para comer buenos quesos”. Y, en medio de un panorama nacional particularmente convulsionado, condujo la iniciativa de crear una nueva unidad de negocio de la empresa familiar. Naturalmente una de las primeras medidas fue convocar a su tío para que asesorara en el emprendimiento. Comenzó así a formarse el equipo que se desempeña actualmente.
La primera fábrica se montó en una construcción existente en la Estancia; era pequeña, con capacidad para procesar 300 litros de leche por día. Sin duda aquella fue una fase experimental del proyecto, una etapa que proveyó una sólida base a las que seguirían. Mientras tanto, al tambo destinado a la quesería se le realizaban una serie de mejoras tendientes a optimizar la calidad de la leche.
En el año 2003 fue inaugurada una nueva planta, dotada de la última tecnología y equipada para el procesamiento de 4000 litros diarios. A partir de entonces la empresa atravesó un fuerte crecimiento, reflejado en un aumento constante de la producción y en la incorporación de nuevas bocas de venta. Sin embargo, esta expansión no modificó el espíritu artesanal que es la esencia del emprendimiento. De hecho, en los últimos años nuestros quesos fueron distinguidos con reconocidos premios del sector. Es la calidad y no el volumen la verdadera apuesta de la marca.
En un nuevo salto de crecimiento, en 2009 la fábrica está siendo ampliada para albergar la producción de una flamante línea de quesos blandos que será lanzada al mercado próximamente.